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Sobre el autor

Analista en temas de ambiente y desarrollo, y defensor de la Naturaleza.
Integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); investigador asociado en el Dpto Antropología, Universidad California, Davis; Duggan fellow del Natural Resources Defense Council de EE UU.
Docente invitado en universidades de Uruguay y otros países de América Latina, EE UU y Europa.
Acompaña organizaciones ciudadanas, desde grupos ambientalistas a federaciones indígenas, en distintos países del continente.

Seguimiento: twitter @EGudynas
Contacto: egudynas en montevideo.com.uy
Publicaciones: http://ambiental.academia.edu/EduardoGudynas

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Día del Ambiente: las responsabilidades del MGAP

05.Jun.2017

Una breve lista de los principales problemas ambientales del Uruguay incluiría, sin dudas, la contaminación de las aguas superficiales, la contaminación por agroquímicos, y la pérdida de paisajes ricos en diversidad biológica, como bañados y montes. En todos ellos, además de la responsabilidad del Ministerio del Ambiente está la del Ministerio de Agricultura.

 

Buena parte de los principales problemas ambientales del país están en el medio rural. Ese reconocimiento no minimizan otras dificultades, como la basura urbana (especialmente en Montevideo). Pero no debe pasar desapercibido que los impactos ambientales en el Uruguay rural cubren una enorme superficie. En efecto, tan sólo en el caso de pérdida de calidad de las aguas ya todos reconocen que las tres principales cuencas están afectadas (de los ríos Santa Lucía, Negro y Uruguay). Y además sus consecuencias son mucho más difíciles de atacar; es más sencillo lidiar con la basura montevideana que recuperar enormes cursos de agua contaminados desde múltiples fuentes.

Cuando se repasa esa lista de problemas es evidente que hay responsabilidades del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA) en no haber podido impedir ese deterioro ambiental. Esto ha sido dicho mil veces.

Pero a partir de esa lista también se vuelve evidente otro problema: las responsabilidades del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). En todos esos problemas esa secretaría tiene responsabilidades.

El MGAP debería controlar el uso y aplicación de agroquímicos y las prácticas de cultivo, de manera de evitar que se sigan contaminando las aguas. Ese mismo ministerio debería proteger los recursos naturales en tanto son la base de la agropecuaria nacional, y en ese marco tiene un papel decisivo en asegurar la protección del monte nativo o el estado de los bañados. También debería despejar las dudas sobre los efectos de las plantaciones forestales industriales, sea por lo que implican en la disponibilidad de aguas como por sus negativos efectos sobre la fauna y flora nativas.

La situación actual es de tal gravedad que es indiscutible que los controles y regulaciones estatales ambientales están fallando. Por lo tanto, las malas condiciones ecológicas en el Uruguay rural también son una responsabilidad directa del MGAP. Si se cumpliera con efectividad la política del “Uruguay Natural” no habría denuncias por fumigaciones o ganado que muere por tomar agua contaminada.

El ministro Tabaré Aguerre varias veces se refiere a los componentes ambientales y al cambio climático, pero a la vez coloca las responsabilidades de la contaminación  rural en la historia lejana de la agropecuaria, como si esta intensificación reciente, como los monocultivos de soja, no tuviera mucho que ver.

No sólo eso, sino que entre los principales planes de ese ministerio hay iniciativas que encienden alarmas ecológicas. Entre ellas está su proyecto de ley de riego, que contiene algunos componentes que generan muchas dudas en su efectividad en la protección del agua y en impedir una completa mercantilización de ese recurso.

Pero también se deben señalar los riesgos de la “intensificación sostenible” de la agropecuaria que alienta el MGAP. La idea de asegurar la “sustentabilidad” en sus entendidos ecológicos es correcta, pero el componente de “intensificación” apunta en sentido contrario. Ese componente pasa inevitablemente por una mayor artificialización agropecuaria y con ello son posibles impactos en el entorno de creciente gravedad. Ese coqueteo con la intensificación también aparece en el sector pesquero, ya que nuestro aparece como albergue para barcos denunciados por prácticas depredadoras.

Tampoco pasa desapercibido que en varias cuestiones ambientales parecería que el MGAP no apoya al MVOTMA. O dicho de otro modo, hay ocasiones donde vemos a la cartera ambiental lidiando con el viejo empresariado contaminador por un lado y otras reparticiones del Ejecutivo por el otro, y entre ellas el MGAP. Es que, en su esencia, nuestro ministerio de agricultura sigue amparando estrategias de desarrollo de muy alto impacto ambiental.

Cuestiones urgentes, como las políticas ante el cambio climático, que necesitarían de unidad en el gobierno, en realidad trastabillan, ya que el MGAP ha enlentecido decisiones sobre propuestas de acción y se invocan indicadores a los que debería haber un acceso en la fuente de sus datos.

Muchos dirán que esos impactos ambientales son el costo inevitable de mantener a la economía nacional funcionando, y como el componente agropecuario es esencial a esos fines, no hay mucho que pueda hacerse. Es una posición errada. Por el contrario, el MGAP debería ser uno de los principales abanderados en buscar alternativas sostenibles en la producción agropecuaria que aseguren la calidad de los recursos naturales, del ambiente, y con ello su propia viabilidad futura. No basta con apoyar algunos programas en agroecología, sino que se requiere la exploración de cambios que hacen a la esencia de las prácticas productivas. Esa sería la mejor forma de festejar el día mundial del ambiente.