" /> ¿Mito de los agroquímicos? - Eduardo Gudynas / Columnistas - Montevideo Portal
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Sobre el autor

Analista en temas de ambiente y desarrollo, y defensor de la Naturaleza.
Integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); investigador asociado en el Dpto Antropología, Universidad California, Davis; Duggan fellow del Natural Resources Defense Council de EE UU.
Docente invitado en universidades de Uruguay y otros países de América Latina, EE UU y Europa.
Acompaña organizaciones ciudadanas, desde grupos ambientalistas a federaciones indígenas, en distintos países del continente.

Seguimiento: twitter @EGudynas
Contacto: egudynas en montevideo.com.uy
Publicaciones: http://ambiental.academia.edu/EduardoGudynas

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¿Mito de los agroquímicos?

25.Sep.2017

Así como cada día hay más información sobre los impactos negativos de los agroquímicos también se conocen los enormes esfuerzos que deben hacer las empresas para defenderlos.

El caso más conocido involucra al herbicida glifosato, que “quema” las plantas. Su aplicación más común está atada a una variedad de soja modificada genéticamente que es resistente a ese químico. Entonces se aplica en los campos, y mata  todas las malezas y plantas competidoras, y solo quedan esas sojas transgénicas en pie. Parece un instrumento maravilloso.

Sin embargo es un químico que fue indicado como “probablemente cancerígeno” en 2015 por un comité especializado de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sus hallazgos se sumaron a otros que alertan sobre los riesgos con la aplicación masiva de ese químico en los campos (1).

Los ejecutivos de la principal empresa manufacturera de ese químico, Monsanto, sabían con anticipación que la OMS emitiría esa evaluación, y estaban actuando para enfrentar la tormenta (2). Esto ahora se sabe gracias a una demanda en Estados Unidos que ha obligado la liberación de correos electrónicos y documentos de la compañía. Según los que siguen de cerca esas informaciones, quedaría en evidencia que la empresa apuntó a enfrentar aquel dictamen y a generar suficiente controversia pública para dejarlo en sospecha.

Una buena parte de la batalla se libró en la prensa. Un ejemplo fue un informe de la agencia de noticias Reuters que acusaba a un científico de EE.UU. que participó de aquel panel de no haber considerado datos que mostraban que el químico sería inocuo (3). Pero enseguida se supo que ese reporte de prensa tenía varios problemas, incluyendo referencias parciales a los dichos del científico y que la fuente pretendidamente independiente en realidad era un consultor de la propia Monsanto (4).

Según se informa desde varios frentes que han accedido a esos documentos internos, el plan de la corporación incluiría estrategias como “orquestar respuestas al grito”, esto es, promover debates de gran intensidad en los medios de manera de poner en duda la información científica y el papel de las agencias evaluadoras. También apuntaba a identificar y pedir a otras personas e instituciones que escribieran artículos, notas en blogs, mensajes en las redes sociales, etc. La propia empresa al menos en un caso proveía con textos básicos para que esas personas los re-escribieran y los mandaran a medios de prensa (5). Cuanto más barullo, más dudas.

No es mi intención aquí, ni es posible, dirimir quién es inocente y quién es culpable, y ese proceso judicial está en marcha en Estados Unidos. En cambio mi punto es que una dimensión clave alrededor de los efectos de los agroquímicos sobre la salud y el ambiente transita por el debate público. Los fabricantes de ese tipo de sustancias dicen que son maravillas e inocuas, pero a medida que se acumula información en contra, mucha de ella a partir de la cotidianidad de los productores y comunidades rurales, las rechazan por no ser científicas, rigurosas o serias.

Toda vez que un vecino denuncie que una de esas sustancias afectó su salud, enseguida aparecerá alguien que afirme que tiene información científica que muestra que eso no sería posible. Toda vez que un productor rural muestre que le quemaron su campo, responderá algún técnico que ese químico es magnífico y aquello fue un “accidente” por mal uso. Toda vez que un médico diga que sospecha que los cánceres aumentaron, otros científicos le reprocharán que no tiene información estadísticamente válida.

El ruido y la confusión se han vuelto parte de las herramientas para imponer a los agroquímicos. Algunos medios de prensa tienen responsabilidad en ello, especialmente en el sector agropecuario. Hay revistas que en lugar de alertar sobre los pro y los contra de los agroquímicos, parecen un catálogo de ventas.

Además, Uruguay es un “consumidor” de las decisiones de regulación y evaluación de otros países. El país tiene limitaciones para hacer sus propios estudios, y por ello, si los evaluadores en Estados Unidos, la Unión Europea, o las agencias de Naciones Unidas, dicen que no es malo, nuestro país seguramente copiará esos permisos.

Sin embargo es urgente actuar con cautela. En uno de las más recientes evaluaciones sobre esta situación, que se acaba de publicar en la revista Science, y que incluye a uno de los mayores expertos en este tema para el gobierno del Reino Unido, apunta en sentido contrario. Allí se concluye que asumir que los pesticidas que pasan por una batería de tests de laboratorio y ensayos de campo, sean ambientalmente benignos, incluso cuando se los usa a una escala industrial, es falso (6). Una aseveración muy fuerte que aquí, en Uruguay, debería llevar a la reflexión.

Y por razones como esa, ahora hay muchos que consideran que el uso de los agroquímicos para promover alimentos para una población creciente, es un mito. Esto se dice el reporte en los derechos a la alimentación presentado por el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Traducido esto a Uruguay, se queda sin sustento el discursito gubernamental de que tenemos que aceptar los impactos de los agroquímicos por nuestra tarea de alimentar al resto del planeta. Es que tanto nosotros, como el resto de la población mundial, podríamos comer muy bien sin químicos.


Notas e informaciones adicionales


1. El estudio del comité de análisis de la OMC (en inglés): http://monographs.iarc.fr/ENG/Monographs/vol112/mono112-10.pdf

2. La empresa Monsanto rechaza esa calificación del glifosato; su posición en https://monsanto.com/company/media/statements/glyphosate-report-response/
Otro estudio científico señala que es improbable que sea cancerígeno: A review of the carcinogenic potential of glyphosate by four independent expert panels and comparison to the IARC assessment, G.M. Williams y colaboradores, Critical Review Toxicology, 2016, en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27677666

3. La nota de Reuters: Cancer agency left in the dark over glyphosate evidence, 14 junio 2017, https://www.reuters.com/investigates/special-report/glyphosate-cancer-data/

4. La evaluación sobre la nota de Reuters en Monsanto Spin Doctors Target Cancer Scientist In Flawed Reuters Story, Huffington Post, 18 junio 2017, http://www.huffingtonpost.com/entry/monsanto-spin-doctors-target-cancer-scientist-in-flawed_us_594449eae4b0940f84fe2e57

5. Un resumen de toda la situación en How Monsanto Manufactured Outrage At Chemical Cancer Classification It Expected, Huffington Post, 19 setiembre 2017, http://www.huffingtonpost.com/entry/how-monsanto-manufactured-outrage-at-chemical-cancer_us_59c17c88e4b0f96732cbc9f3

6. Toward pesticide vigilance, por A.M. Milner e I.L. Boyd, Science 357: 1232-1234, http://science.sciencemag.org/content/357/6357/1232.full
Recomiendo leer en detalle la excelente publicación Cultivos transgénicos en Uruguay, Aportes para una comprensión de un tema complejo, descargable en: http://colectivoogm.blogspot.com.uy

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7. Report of the Special Rapporteur on the right to food, Human Rights Council, 24 enero 2017, https://documents-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/G17/017/85/PDF/G1701785.pdf?OpenElement