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Acuerdo Grande

Acuerdo Grande

Una alternativa para La Ciudad

Sobre el autor

Miguel Manzi (1957), abogado, inicié mi actividad política en 1980 militando por el "NO" contra la dictadura. Fui diputado de la "Lista 85" del Partido Colorado. Emigré en 1995, viviendo en Bolivia, EE.UU. y Honduras, donde culminé mi periplo como Representante del BID, a cargo de 120 operaciones por 1.000 millones de dólares. En 2011 renuncié al BID y regresé a Uruguay, retomando la actividad política en torno al Proyecto Montevideo, cuya información completa está en http://miguelmanzi.com/

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FRENTE AMPLIO INTELIGENCIA

09.Jul.2018

 

A través de la Circular 10020 del 29 de mayo pasado, la Corte Electoral dio a conocer el calendario de las elecciones internas de los partidos políticos (de las que resultan los candidatos a presidente para las elecciones nacionales), que se llevarán a cabo el 30 de junio de 2019. Pero antes del calendario oficial, el próximo 1° de diciembre es el Congreso del Frente Amplio, instancia que autoriza las candidaturas de la coalición. Mujica, Astori, Martínez, Cosse, Murro, Orsi, García, Andrade, Sánchez, algún tapado; un par de ellos serán autorizados por el Congreso para competir en junio y seguir de largo hasta el balotaje de noviembre si hace falta. Desde el 1º de diciembre, es un año entero de exposición y afirmación de liderazgo, formación de equipos, definición de propuestas, juntadera de votos. Hasta aquí lo habitual, que hace 3 elecciones le basta al Frente para ganar. Pero de inmediato viene lo coyuntural, la precisa lectura política de la situación y su condigna respuesta (cito de un informe de Pablo S. Fernández en El País de este domingo 8 de julio): "Ahora el objetivo (de los sectores moderados del F.A.) será lograr un buen acuerdo con Martínez y potenciar un bloque socialdemócrata firme que derrote a Mujica, o al candidato que él ponga sobre la mesa". Listo, esa es la interna; la única interna. Y cualquiera sea el ganador, su compañero de fórmula será negociado para que queden todos más o menos contentos, y los derrotados acompañarán sin hesitar a la dupla consagrada. Un lata con un tupa, un bolche con un astorista, un independiente con un radical, una fórmula tan catch-all como sea posible, y vamos por el cuarto gobierno. Frente Amplio inteligencia.

 

¿QUÉ PARTE NO ENTENDEMOS?

 

Lo mismo que con la fórmula presidencial pasa con el programa, con el gabinete, con las leyes, con el gobierno todo; el Frente Amplio es una coalición integral, de modo que, a su interior, no hay ganadores ni perdedores absolutos: hay "gobierno en disputa" pero la regla es jugar al empate, preservando la herramienta política y su consecuencia inmediata, el gobierno. Tal, sencilla, es la lógica de coalición: óptimo para nadie, bueno para todos. Partidos con minúsculo caudal electoral influyen decisivamente en el diseño y aplicación de las políticas públicas, porque las fuentes de legitimidad son múltiples: los votos, sí, pero también el gremio, la academia, la estructura, la experiencia, la militancia, el equipo, el discurso, la habilidad negociadora, el aporte simbólico de cada uno, sigue. Los ejemplos vivientes son Vázquez, Astori y Nin por un lado, y el PCU por el otro. ¿Por qué se bancan las mutuas impertinencias? ¿Por qué muerden el freno en las pulseadas que les toca perder? La respuesta es porque así gobiernan, porque así inciden, porque así son relevantes; porque de otro modo se esterilizarían, se agotarían en el discurso. Eso es la vocación de gobierno. La respuesta es la coalición. LA COALICIÓN. ¡¡LA COALICIÓN!! ¿¿Qué parte no se entiende?? Una coalición integral, con estrategia, programa y fórmula comunes. Una coalición para gobernar, pero además (cuestión previa), para ganar.

 

COMIÉNDONOS LOS MOCOS

 

Mientras tanto, en Ciudad Gótica, todos creen que pueden pasar al balotaje y ganar las próximas elecciones. En particular, algunos blancos están convencidísimos de que les llegó la hora. Léase si no la última columna de Juan Martín Posadas, habitualmente ponderado, cuando dice: "Quien está actualmente en el lugar de retador con chances de ganar no es la oposición (concepto abstracto, a lo más, aritmético) sino el Partido Nacional. Su chance de victoria está a la vista (...)". Yo debo estar mirando mal, porque lo único que veo es a los blancos oscilando en el 30%, su techo en la historia reciente. Cómo hace el Partido Nacional para pasar del 30% a la mitad más uno, es algo que escapa a mis entendederas. Cómo lo hace con los mismos candidatos que ya perdieron contra el F.A. (por amplísimo margen), me resulta aún más incomprensible. Cómo lo hace, cuando el F.A. está disponiendo su interna para asegurar el voto del centro (que en este país es más o menos socialdemócrata), se incorpora ya el elenco de los modernos arcanos. Mirado de afuera, daría la impresión de que los blancos deberían razonar y obrar precisamente al revés: siendo la minoría mayor, son los llamados a liderar el esfuerzo de transformar a la oposición, de "concepto abstracto", a instrumento útil para cambiar el rumbo del país. Así como en 1971 los partidos menores se coaligaron para desplazar a los partidos históricos, animados por un sentido de urgencia que los alentó a superar no solo diferencias ideológicas y programáticas, sino odios y rencores de escala planetaria; así hoy los partidos de la oposición deben coaligarse para desplazar al Frente Amplio, cuya obra de gobierno y cuya impronta cultural, marcadas por la acción de sus "minorías intensas" de carácter explícitamente marxista-leninista, están comprometiendo severamente el destino de la República. Y en esta jugada tan histórica como impostergable, los blancos son mano.

 

EL DREAM TEAM

 

Las internas, recordemos, son obligatorias para los partidos, pero no para los votantes; de ello la escasa participación, inferior al 40% del electorado y bajando. Este registro ya es estructural; si irrumpiera algún fenómeno extraordinario, habría de impactar en las nacionales (de voto obligatorio) y no en las internas. Por lo demás, las internas del Partido Independiente y del Partido de la Gente son por cumplir, en tanto las candidaturas de Mieres y Novick no tienen desafiantes; la interna del Partido Colorado no puede despertar mucho más interés que su solitario dígito en las encuestas; y la interna del Partido Nacional es una película repetida. En este escenario, la batalla simbólica se librará en la interna frenteamplista, entre el "bloque moderado" que se conforme alrededor de la candidatura de Martínez, y el "bloque radical" que se encolumne tras Mujica o su sucedáneo. Y de corrido, el acuerdo político y la conformación de una fórmula abierta, multipartidaria, catch-all, le otorga al Frente más meses de ventaja hacia las nacionales, que definitivamente no alcanza a descontar un "acuerdo programático" de los candidatos de oposición. Ahora bien: este escenario predecible (y su predecible desenlace) se vería dramáticamente alterado, si las fuerzas opositoras armaran una coalición tan integral como el Frente, capaz de plantarse como una alternativa sólida a la coalición de gobierno. Para que tal cosa sea posible, a tenor de la legislación electoral uruguaya, es menester que todos los partidos coaligados concurran bajo un mismo lema a las elecciones internas (como hicieron los partidos del Frente en el 71 bajo el lema Partido Demócrata Cristiano), y que todos sus candidatos compitan en ese marco: Lacalle, Larrañaga, Alonso, Antía, Mieres, Novick, Amorín, Amado, Talvi, el que sea de "Batllistas", todos. Por ley, el más votado será el candidato a la presidencia de la República; y por acuerdo político, lo acompañará el más votado del segundo partido más votado, asegurando así una fórmula multipartidaria. En el camino, se estimula el espíritu de cuerpo indispensable al sostén de un gobierno, se arman los equipos y se articula el programa común, a golpes de un refrescante debate entre liberales y socialdemócratas (pero todos republicanos sin vacilaciones), para construir el gran proyecto alternativo que el país está pidiendo a gritos.



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