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La columna de Carlos Garramón

La columna de Carlos Garramón

Acontecer global y economía política regional

Sobre el autor

Reflexiones sobre el acontecer global y su interacción con la economía regional. Columna de Carlos Garramon, ingeniero agrónomo con especialidad en Economía Agraria, master en Economía Agraria en la Universidad Católica de Chile, PHD(c) de la Universidad de California, Campus Berkley. Funcionario de FAO en Roma, representante de FAO en la Argentina, consultor del BID, Banco Mundial, Naciones Unidas y PNUD.

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Estados Unidos le declaró la guerra a China.

09.Jul.2018

Este viernes entraron en vigor los aranceles del 25% que impuso EE.UU. a China sobre un conjunto de bienes cuyo valor asciende a 34.000 millones de dólares. Es la primera fase de un castigo de 50.000 millones. El contraataque chino fue inmediato y de similar intensidad. No se trata de una simple confrontación comercial, es el inicio de una guerra por el control del futuro entre las dos mayores potencias mundiales.

Lo que parece una guerra comercial entre las dos mayores potencias mundiales, producto del proteccionismo exacerbado de Trump, es en realidad una confrontación global en la carrera por la alta tecnología y la inteligencia artificial donde el gigante asiático apunta a ser el líder en el mediano plazo. Ambos son conscientes de que ese liderazgo conduce al control del futuro en casi todos sus aspectos, desde el armamentista al internet de las cosas.
El Presidente Xi Jinping mantiene absolutamente vigente la estrategia anunciada en el último Congreso del Partido Comunista "made in China 2025", orientada a transformar el país en una potencia económica global impulsada por la tecnología. Al enfrentamiento de ese objetivo apunta Trump al imponer una primera oleada de aranceles por USD 34 mil millones sobre 818 categorías de bienes importados de China, los cuales incluyen mayoritariamente, componentes pertenecientes a la industria aeroespacial, tecnologías de la información y la comunicación, robótica, maquinaria o automoción, entre otros. El lote afectado dejó fuera finalmente aquellos artículos que compran las familias estadounidenses, como los teléfonos móviles o los aparatos electrónicos
La entrada en vigor el viernes próximo pasado de este arancel del 25% sobre importaciones chinas, forma parte de un castigo de USD 50 mil millones según ya había anunciado la Casa Blanca a mediados de junio. Los próximos USD 16 mil millones que incluyen 284 productos, esta vez sí relacionados con productos tecnológicos de consumo familiar y personal, se espera entrarán en vigor en las próximas dos semanas.
El contraataque chino fue inmediato y de similar intensidad. El gobierno chino confirmó que las tarifas se activaron un minuto después de que lo hicieran las estadounidenses. La lista incluye 545 categorías de productos como la soja, el cerdo, el acero, el whisky y los automóviles, entre otros. Un volumen de mercancías cuyo valor de importación asciende a los mismos USD 34 mil millones que reciben una tasa adicional del 25%.
Este primer intercambio bélico-comercial por USD 50 mil millones (36 ya vigentes y 16 en un par de semanas) se enmarca en un mar de amenazas que ha lanzado Trump en su paroxismo proteccionista como reacción a los anuncios de Xi sobre "made in China 2025" y el desafío que esta visión plantea al mantra "America first". Trump ha anunciado que responderá con USD 200 mil millones si China contraataca -algo que ya ha sucedido- y después con USD 300 mil millones más. Si se tiene en cuenta que el déficit comercial de EE.UU. con China es de USD 375 mil millones, esta amenaza final, de concretarse, estaría prácticamente anulando el intercambio comercial de bienes entre ambas potencias.
En una posición inversa, China intenta evitar la confrontación, pero no cede en el contraataque. El portavoz del Ministerio chino, Gao Feng, había dicho este jueves -un día antes de que EE.UU. lanzara su primer ataque- que su país "no está a favor de iniciar una guerra comercial contra EE.UU. y reiteró que China no disparará la primera bala y que no aplicará medidas arancelarias antes que lo hiciera EE.UU.". Al día siguiente el gobierno contraatacó con los mismos USD 34 mil millones con los que fue agredido: "China prometió no realizar el primer disparo, pero para defender los intereses fundamentales del país y los de su gente, nos hemos visto forzados a contraatacar", dice el texto del Ministerio de Comercio chino en su comunicado del viernes próximo pasado.
Sin lugar a dudas, en el corto plazo esta guerra comercial afecta con mayor intensidad la economía china, la cual ha generado en su veloz expansión (China ha alcanzado un PBI de USD 12 billones y EE.UU. de USD 19 billones) varios desequilibrios que serán afectados por este enfrentamiento comercial. Estos últimos meses la economía china ha presentado síntomas que indican que las amenazas comerciales afectan el desempeño de sus mercados financieros. El principal índice bursátil ha descendido un 17% en lo que va del año. La moneda china, el yuan, también ha sido víctima de la incertidumbre y ha perdido más de un 3% de su valor frente al dólar en el último mes.
EE.UU. enfrenta una situación económica auspiciosa. Trump libra esta batalla con el viento a favor, con la economía acelerando el paso en el segundo trimestre del año y un mercado laboral en su mejor momento en décadas. Sin embargo, la guerra afectará a nivel micro determinados sectores y empresas. Este impacto puede ser riesgoso para la estrategia política de Trump, fundamentalmente para su campaña electoral hacia las elecciones legislativas de noviembre próximo.
Si se desagrega la lista de productos sancionados por cada país en este primer cruce de armas, se devela con claridad la estrategia que cada uno ha adoptado en la confrontación.
La lista estructurada por EE.UU. incluye básicamente productos de alta tecnología, obviamente orientados a debilitar el proyecto chino de erigirse como primera potencia mundial. La lista china está orientada específicamente a productos originados en Estados mayoritariamente conservadores, plazas electorales que llevaron a Trump al poder.
Dado el régimen político chino, EE.UU. tiene que debilitar su estrategia para posicionarse como una potencia tecnológica competitiva en robótica e inteligencia artificial, no está en sus capacidades decidir políticamente sobre el Partido Comunista chino. Sin embargo, Trump es transitorio y China apunta a debilitar su poder político y su capacidad de daño en el corto plazo. China puede esperar. Trump puede fortalecer su imagen política antes de las elecciones de noviembre profundizando las políticas proteccionistas, no solo declarando la guerra a China, sino también encubriéndola con sanciones a Europa y Canadá. Pero lo que subyace es una guerra por el futuro y ambas potencias saben que esta guerra es de largo plazo, y que es sinónimo de control tecnológico.