Las mujeres, y las mujeres jóvenes en particular, enfrentan enormes desafíos a la hora de la participación política en nuestro país, que son comunes a todos los partidos, y responsabilidad de todo el sistema político.
Estos desafíos tienen que ver con compatibilización de la trayectoria política con la vida privada y familiar de la mujer, en la que todavía existe un mandato social muy fuerte que le otorga mayores responsabilidades frente al ámbito doméstico, es decir, el cuidado de los hijos, los adultos mayores de la familia, e incluso la administración de la economía familiar.
También se encuentran operando en un mundo esencialmente masculino, no por la abundancia de hombres, ya que a nivel de militancia de base existen tantas mujeres como hombres participando en los partidos políticos, sino en cuanto a los códigos de relacionamiento y acción que imperan en el mundo de la política, donde los vínculos sociales, los espacios de resolución, el lenguaje, los temas, y hasta cuestiones rutinarias como los horarios y lugares de reunión están diseñados a imagen y semejanza de los hombres, quienes eran hasta hace no mucho tiempo los dueños de la política, y en cierta medida lo siguen siendo.
Se enfrentan también, a la perspectiva de tener menos responsabilidades que los hombres de alcanzar espacios de responsabilidad política, ya sea a nivel parlamentario, del Poder Ejecutivo, de gobiernos departamentales, o incluso dentro de las estructuras de los propios partidos. Y es que a pesar de militar en igual número y dedicación, hombres y mujeres encuentran grandes diferencias a la hora de avanzar en su trayectoria política, resultando las mujeres perjudicadas por un sistema político que las margina.
Nuestro país supo ser un país de avanzada en materia de reconocimiento de derechos políticos de las mujeres. Uruguay tiene el orgullo de haber sido el primer país de Latinoamérica en que una mujer votó (en el año 1927, plebiscito de Cerro Chato), extendiéndose el sufragio para las elecciones nacionales tan temprano como en 1938; ya en el Parlamento de 1942 cuatro mujeres fueron electas, incluyendo a Julia Arévalo, la primera diputada comunista. Esto, como decía, no es solo motivo de orgullo, sino que debe ser un motivo de responsabilidad histórica por mantenernos en la vanguardia del reconocimiento de derechos políticos de nuestros ciudadanos y ciudadanas.
Habiendo reconocido estos desafíos, desde hace varios años, muchas mujeres políticas de distintos partidos han unido esfuerzos para tratar de mejorar la inserción de las mujeres en política, además de colaborar con el enriquecimiento de la agenda política a través de la inclusión de muchos temas y problemáticas que estaban invisibilizados, a través de la Red de Mujeres Políticas y la Bancada Bicameral Femenina.
Recientemente, la Red de Mujeres Políticas y Naciones Unidas en Uruguay, a través de ONU Mujeres, PNUD, y UNFPA han lanzado la iniciativa “Tutorías para Mujeres Políticas Jóvenes”, donde más de 20 mujeres jóvenes de los cuatro partidos políticos con representación parlamentaria (Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado y Partido Independiente) reciben capacitación y tutoría por parte de referentes políticas de sus partidos, con el objetivo de compartir experiencias y herramientas para mejorar la acción política, tanto desde la perspectiva de la tutora que conoce mejor la realidad donde viven y trabajan las jóvenes, como de las tutoradas, que pueden conocer mejor los ámbitos donde se desarrolla el trabajo político. Tengo el agrado de poder ejercer como tutora en esta instancia y poder compartir con estas mujeres políticas jóvenes mi experiencia, así como poder nutrirme de lo que ellas tienen para aportar.
Habiendo comenzado el 31 de julio, y en los seis meses de duración del programa, las mujeres jóvenes tendrán instancias de trabajo junto con sus tutoras, con el resto de jóvenes participantes de su partido, y con las jóvenes de todos los partidos, desarrollando aquí un trabajo de colaboración que permite, aún reconociendo las diferencias ideológicas y políticas que existe entre ellas, generar propuestas y compartir experiencias comunes que enriquecen la formación de todas.
Las instancias comunes hasta ahora realizadas incluyen una visita a una sesión de la Bancada Bicameral Femenina, la conferencia “habilidades y destrezas para desempeñarse como mujeres políticas”, jornadas de formación sobre género, políticas de juventud y diversidad.
En todas estas instancias, donde la tónica que ha primado ha sido la de camaradería y respeto, las mujeres jóvenes han compartido sobre muchas experiencias que todas encuentran en sus partidos, por ejemplo, el sentir una exigencia mayor para acceder a un cargo que lo que se le exige a un hombre, la sensación de “outsider”, ajenidad en un ámbito que debería ser más inclusivo, la dificultad para trabajar los temas de género dentro de los partidos, la persistencia de concepciones conservadoras sobre la familia y el rol de la mujer.
Si bien el proyecto aún está en marcha, y es temprano para sacar conclusiones, quería compartir esta experiencia para resaltar la importancia y la necesidad de trabajar mancomunadamente para mejorar nuestro sistema político, para hacerlo un espacio más inclusivo, más participativo, más amplio, más representativo de todas las voces de nuestra sociedad, incluidas las de más del 50% de la población, que en su carácter de mujer, sin duda tiene particularidades en cuanto a su lugar en la sociedad y a sus demandas. Por eso saludo este emprendimiento con la esperanza que sea enriquecedor no solo para sus participantes, sino también para sus compañeros en la militancia, y sus partidos políticos.
Bertha SANSEVERINO
Diputada FA - FLS - AU 2121