Así lo veo yo

Así lo veo yo

Columna de Ana Jerozolimski


ACLARANDO....¿EQUIVOCACIONES O MALA INTENCIÓN?

14.Ene.2016

Mientras Israel continúa atento a los desafíos que le imponen los problemas de seguridad dentro de su territorio y alrededor de sus fronteras, hay otra guerra, aparentemente incruenta, que se continúa librando y que de hecho, es probablemente no menos peligrosa que la abiertamente armada.
Es la guerra contra quienes alegan discrepar con tal o cual política del gobierno israelí de turno, pero de hecho, ni siquiera logran esconder que lo que realmente los motiva es su oposición a la existencia misma de Israel. Tergiversando la historia , inventando y alterando hechos históricos, jugando con las palabras, esa gente presenta a Israel como un estado usurpador que robó tierras que no eran suyas, como un ladrón que echó a los auténticos dueños del territorio y que por ende, no tiene derecho a existir.
Decidimos esta vez responder a las acusaciones que circulan por diferentes medios , no mediante nuestra propia voz, sino valiéndonos de la pluma y palabra de quien por cierto sabe mucho más que el promedio de los ciudadanos, que ha leído ríos de tinta y estudiado a fondo este tema, al igual que tantos otros. Nos referimos al antropólogo y escritor Daniel Vidart, que por sus múltiples estudios está sin duda en posición de enseñar a quienes alegan saber y de hecho, mienten porque odian .

Compartiremos con los lectores fragmentos de un artículo escrito por Vidart en setiembre del 2010, que publicamos en aquel momento en las páginas de "Semanario Hebreo". Casi de más está recordar que la historia anterior, a la que él se refiere, no cambió en los últimos cinco años transcurridos hasta hoy. Allí está, como siempre. Y Vidart la conoce.

 

 


(Sobre el vínculo de los palestinos con la tierra en disputa):

Los antiguos pueblos que reivindican los palestinos como "antecesores" directos, lo que les otorgaría el derecho histórico de ser los dueños de la tierra que, según afirman, les han robado los "usurpadores sionistas" venidos de afuera, son:
a) los filisteos que, no bien desembarcados, se enfrentaron con los cananeos y los hebreos, etnias presentes desde hacía muchos siglos en la región, y que al cabo de cruentas batallas los exterminaron, y
b) los cananeos, cuya desaparición somática y cultural certifican la historia y la geografía, luego de una larga y enconada lucha con los hebreos, complementada por un doble proceso de mestización y aculturación de los grupos sobrevivientes.

Los cretenses-filisteos del lejano ayer no son los antepasados de los actuales palestinos. La cáscara del nombre no coincide con el grano de la cosa. Los "palestinos" de hoy nada tienen que ver con los viejos "pueblos del mar", entre cuyos patronímicos figura, como se verá luego, el de pelestim. Del mismo modo tampoco son descendientes de los cananeos, que se fueron esfumando como pueblo y como etnia al combatir primero y luego mixigenarse con los hebreos, y a tal punto, que nada resta de ellos sino la memoria de su abolida presencia.

 

(Sobre la creación de Israel)

Comienzo advirtiendo un detalle que el furor de las actuales discusiones a veces no permite tener en cuenta: el Estado de Israel es una cosa y su gobierno otra. Se puede estar en contra de las resoluciones de sus conductores políticos -como muchos israelíes, desde adentro, lo han manifestado ante evidentes desaciertos y como quienes, desde afuera, abogan por su renuncia, criticando y condenando muy duramente sus acciones - pero sin negar el derecho a existir en pacífica convivencia con sus vecinos.
Quienes lo quieren aniquilar, con todo y sus habitantes, son potenciales genocidas, como en la realidad histórica fueron los nazis. La República Islámica de Irán proclama a los cuatro vientos que luego de ahogar a los israelíes en el Mediterráneo "quemará totalmente" ( que esto significa la voz griega holocausto) los aparatos del Estado y sus pertenencias.

Muchos de los autodenominados "progresistas" vernáculos aprueban esos desplantes criminales. O los callan, como también sucede con los amnésicos que "olvidan" o "desconocen" la diaria matanza que los egipcios, islámicos al igual que sus víctimas, practican con los palestinos de Gaza asesinándolos en los túneles que aquellos excavan para burlar ese no citado ni criticado bloqueo. Se cuentan por cientos los muertos. Pero el cómplice silencio de los mass media parece remitir a subrepticias órdenes de no denunciar esos delitos de lesa humanidad.

Al promulgarse la Resolución 181 de la Asamblea General, resuena fuerte y convincentemente la voz del representante uruguayo Enrique Rodríguez Fabregat. Meses después, en mayo del 1948, se produce la Declaración de Independencia. No bien se aprueba la Resolución de las Naciones Unidas redoblan las hostilidades de quienes por entonces no se llamaban palestinos sino árabes habitantes de Palestina. El ataque de los ejércitos islámicos se produce cuando se retiran los británicos.

Israel, al ser salvajemente agredido -hecho que asume la entidad de un Pecado Original, cuya permanencia ensombrece a los descendientes de aquellos atacantes, si nos atenemos al estigma bíblico- era un Estado pequeño que ocupaba "la sexta parte del 1% de la masa de tierra de Medio Oriente". Recién comenzaba a organizarse y armarse con materiales bélicos, muchos comprados en Checoslovaquia - tampoco existía una aviación de guerra- en respuesta al manifiesto propósito de los árabes, quienes procuraban destruirlo.

Sin que tuviera tiempo de respirar siquiera soportó la avalancha de cinco de los siete países integrantes de la Liga de Estados Árabes, fundada en el año 1945. En ella figuraban Egipto, Irak, Siria, Transjordania, Arabia Saudita, Yemen y Líbano. Los ejércitos islámicos, desorganizados e ineficientes, es cierto, no pudieron borrar de la faz de la tierra a los israelíes y a su novel Estado, instituido sobre los eriales una desértica región y no sobre feraces y prometedoras comarcas.

(...)

 

 

Y el 16 de julio del 2010, en una nota enviada al diario "La República", en respuesta a un artículo en el que uno de sus columnistas criticaba otro anterior de Vidart, el estudioso hace referencia a la identidad de los árabes palestinos, que se conoce como tal solamente desde 1967:

 


"Vidart se sintió muy sorprendido al leer declaraciones de los propios árabes afirmando tal cosa, y quiso averiguar entonces si ellas tenían sustento verificable. Veamos a continuación quienes se me adelantaron en afirmar tamaña - a su criterio- barbaridad. F.K. Hitti, libanés, autor de una notable "Historia de los árabes", escribió: "No existe ninguna cosa llamada Palestina en la historia, absolutamente no". Auni Bey Abdul- Hadi, árabe, declaró: "No existe ningún país que se llame Palestina. Palestina es un término inventado por los sionistas. No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país ha sido por siglos parte de Siria. Palestina es ajena para nosotros (British Peel Commision, 1937). Walid Shoebat, activista de la OLP, también árabe dijo: "¿Por qué el 4 de junio del 1967 yo era un jordano y de repente, al otro día me transformé en un palestino? A nosotros no nos importaba que hubiera un gobierno jordano. La enseñanza de que debíamos lograr la destrucción de Israel era parte definida de nuestro currículo, pero nos considerábamos a nosotros mismos como jordanos hasta que los judíos regresaron a Jerusalén. Entonces improvisadamente todos fuimos palestinos, quitamos la estrella de la bandera de Jordania y en un momento tuvimos la bandera palestina".
Estas declaraciones, consignadas en una de mis notas, y por Vd. no refutadas - solamente lapidó mi persona, fiel a una difundida práctica islámica ejercida contra desgraciadas mujeres- impulsaron un análisis histórico, cuya deconstrucción, como Vd. dice, delegando tareas, "otros antropólogos ya han comenzado". Para no repetir lo ya expresado, remito a Vd. y a los muy ilustrados antropólogos que cita a la introducción del libro La crisis del Islam, de Bernard Lewis, uno de los más importantes islamólogos de la actualidad. Podrán comprobar entonces que una autoridad mundial -que a nosotros, modestos chacareros del saber, nos supera ampliamente- no me deja solo, abrazado a falsos argumentos. Lean en particular lo que se dice en la p.10 acerca de la invención de Palestina y los palestinos".

 

 

Y nosotros, humildemente, agregamos un comentario a las aclaraciones tajantes de Daniel Vidart: ni siquiera entramos en la "invención" de la identidad palestina , como sinónimo de lo árabes de la otrora Palestina, ya que hoy sería imposible concebir la desaparición de dicho concepto.Pero sí consideramos que es clave recordarla cuando resulta necesario responder a quienes alegan que Israel usurpó y que como poder extranjero y colonial, le robó las tierras al pueblo autóctono, que en realidad, jamás había tenido independencia ninguna ni identidad separada.