A la vuelta

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Consejos para cumplir el sueño de visitar Polinesia Francesa

18.Mar.2016

Poner Polinesia Francesa en Google da miedo. El buscador dice que se trata del segundo destino más caro del mundo debido a sus a tarifas hoteleras, que cuestan en promedio 374 dólares por noche. Su isla Bora Bora aparece como la ciudad más cara del planeta, con un costo promedio de 699 dólares por noche.

Sin embargo, visitar las islas más lindas del mundo es posible. Se trata de un destino que necesita ser planificado con antelación, no es un viaje para hacer de manera espontánea.

Comprar los pasajes con tiempo equivale a pagar menos. Si se quiere conocer Tahití sin presupuesto descabellado es recomendable descartar las islas a las que se accede únicamente por aire (los pasajes de avión entre ciudades son caros) y concentrarse en los lugares más accesibles. Tahití y Moorea son una buena idea: la primera es la capital del país, la segunda queda a 30 minutos en barco.

La experiencia en Moorea es imperdible y tiene todo lo que se necesita: es una isla paradisíaca con playas hermosas, vive a un ritmo diferente, permite ver vida subacuática haciendo snorkel, hacer deportes y hasta nadar con tiburones y mantarrayas gratis. Los especialistas dicen que no tiene el mejor snorkel, los mejores hoteles ni lo mejor de todo lo demás, pero también admiten que lo tiene todo y en un gran nivel.

Solucionado el transporte, hay que enfocarse en el hospedaje. Las aplicaciones de alquiler sin intermediarios como Airbnb y el hospedaje económico en cabañas, hostales o campings son ideales, porque la principal belleza de la Polinesia no está en sus habitaciones, sino en su naturaleza. La ubicación nunca es un problema porque no hay cómo hospedarse lejos del agua.

En cuanto a los precios de alimentos, los restaurantes sí son caros. Pero siempre se puede comprar donde lo hacen los habitantes locales. El consejo es preguntarles a ellos y comprar en sus supermercados. Tahití es un país muy preparado para el turismo glamoroso pero su gente no es millonaria, por lo que se puede visitar pagando precios accesibles.

Otra herramienta fundamental es usar transporte público o hacer dedo. El transporte público no funciona con mucha frecuencia pero es barato; hacer dedo es tan fácil como necesario. Todos los habitantes de las islas disfrutan de ayudar y llevar a los turistas a donde necesiten, al tiempo que saben que los ómnibus pasan cada mucho tiempo. Por eso, esta forma de moverse no saca casi nada de tiempo, permite conocer a la gente que vive en las islas y se ahorra dinero: mejor imposible.

El último consejo para disfrutar de este paraíso sin gastar demasiado es llevar tu snorkel y tus patas de rana. Este detalle permite tirarse al agua muchas más veces que si se alquilan. Disfrutar la Polinesia Francesa no es cuestión de plata. La principal belleza del lugar es gratis y posible si se planifica con tiempo y se presta atención a los detalles que permiten ahorrar dinero.