El espacio en el que publico mis notas en este portal, es de opinión y análisis y muy raramente de pura información. Aquí, por tener mi columna el toque personal que caracteriza también los artículos de otros columnistas (aunque soy la única , creo, que escribe fijo desde el exterior, sobre uno de los conflictos más complejos del mundo), claro está que todo queda abierto a la polémica y la discusión.
Quizás se sorprenderán los lectores al ver estas líneas. ¿De qué habla esta mujer?-se preguntarán algunos al ver algo que no es realmente un análisis del conflicto…
Pero decidí escribirlas porque a menudo, realmente cuesta entender el carácter de algunos de los comentarios que aparecen publicados a raíz de las notas que escribo. No todos por cierto..pero hay algunos que merecen un análisis.
Cuesta entender que quien discrepa con el contenido de un análisis, crea fortalecer su opinión desacreditando la que leyó en una nota que no le gusta. ¿Tan pocos argumentos tiene quien no está de acuerdo, que la mejor forma que se le ocurre para debatir, es intentar atacar mi profesionalismo como periodista? Afortunadamente, tengo clarísimo que no escribo de nada que no conozca a fondo, de primera mano…tanto del lado israelí como del lado palestino. Es por eso que entrevisto y pido opinión, a gente de derecha, centro e izquierda, israelíes y palestinos, analistas y gente de la calle. He entrevistado terroristas y a sus víctimas…a todos hay que oir. Y en base a todo eso…se forma una opinión.
Y cuando en una entrevista- como en la que realicé con tanto gusto al Senador Couriel- hay preguntas planteadas de antemano en tono polémico, es porque de entrada la intención era abordar temas polémicos y no realizar un reportaje frío y meramente informativo.
Puede que haya quien sienta molestia al leer que se da como hecho, en una pregunta , algo que algunos alegan es “la versión israelí” de las cosas. Cuando ese es el caso, aclaro “Israel alega que…”, pero hechos como el ataque árabe al recién naciente Estado judío y el rechazo que eso significó a la resolución de las Naciones Unidas que recomendaba (en gran medida gracias a la posición uruguaya) la creación de “un Estado judío y un Estado árabe”, no es una interpretación israelí ni judía de los hechos, sino un hecho histórico. Dicho sea de paso…. un hecho lamentable por el que los propios palestinos pagaron un alto precio. Ojalá los árabes no hubiesen rechazado en noviembre de 1947 aquella decisión de partición. Si hubieran aceptado compartir la tierra, dentro de un mes los palestinos estarían celebrando su 63º aniversario de independencia, mientras los israelíes festejarían el suyo. ¡Cuánta sangre y cuánta amargura se habrían ahorrado, para los dos pueblos!
Se habla a menudo de la “objetividad” periodística. Sinceramente, en toda cobertura, creo que es un concepto problemático y casi imposible de lograr en forma pura, ya que los informativistas y comentaristas somos seres humanos, no máquinas que escriben o transmiten desde un vacío. Lo que sí debe existir indefectiblemente, es la seriedad, la responsabilidad de no tergiversar jamás una información, de no mentir, de hablar con las dos partes (en el caso de un conflicto), para tener el cuadro general. Es por eso que yo entrevisto también a palestinos de la Autoridad Palestina en Ramallah y también los del “otro lado”, de Hamas en Gaza. No significa que todo es publicado como entrevistas independientes, pero todo es parte del trabajo que considero debo hacer para hacer un seguimiento actualizado de los hechos.
En varios medios de América Latina , para los cuales escribo como corresponsal cubriendo el lado israelí y el palestino y no como columnista de opinión, el enfoque de mis notas es totalmente diferente. Informo sobre los hechos en crónicas de otro estilo que nada tiene que ver con las que aparecen en este portal. Aquí ,como comentaba al principio, mi espacio es principalmente de opinión, y eso es otra cosa. Esto también significa que es un espacio también abierto a más polémica por cierto, lo cual es legítimo.
Es legítimo discrepar , es inherente al trabajo periodístico y pobre del periodista que no sabe aceptar posiciones diferentes de las suyas. O sea…podrá rechazar su contenido, por pensar distinto, pero no quitarle legitimidad al derecho de otro de opinar diferente.
Afortunadamente, jamás alegué tener toda la verdad en mi mano ni tampoco falté el respeto a quien piensa diferente. Eso no quita, sin embargo, que defienda mi forma de ver la verdad, con la convicción que acompaña todo lo que escribo.Pero no lo hago motivada simplemente por sentimientos y opiniones subjetivas, sino por mi conocimiento profundo-perdón si suena a falta de modestia-de la realidad que cubro.
Recuerdo que años atrás me preguntó en una entrevista por televisión un apreciado colega, el periodista y escritor Alfonso Lessa, en qué creo que influye mi condición judía y de radicada en Israel, en mi cobertura periodística. Le respondí que en mi opinión, eso influye no en apoyar automáticamente lo que dice o hace Israel (hay muchas cosas con las que discrepo) sino en que nunca me voy a olvidar que hay también una versión israelí de las cosas..y que la verdad absoluta no es necesariamente lo que dice el otro lado.
Siento a menudo que la versión de Israel suele ser considerada como el “pretexto”, una excusa para aclarar problemas, mientras que la versión árabe y especialmente la palestina, es tomada casi automáticamente como el reflejo de la verdad ante la que Israel debe dar explicaciones.Discrepo totalmente con ello.
El conflicto árabe –israelí, del cual surgió el conflicto israelo-palestino, es complejo, y su solución no parece muy cercana, contrariamente a lo que me dijo hace pocos meses en su oficina en Ramallah el Dr. Saeb Erekat. No ayuda a solucionarlo el encasillarse en ideas simplistas y superficiales.
Deseo que se cree un Estado palestino independiente, pero sólo como fruto de negociaciones de paz entre las partes, no de decisiones unilaterales que no alientan a volver a negociar. Y así como quisiera ver a los palestinos viviendo con normalidad soberanos e independientes, quiero estar segura de que aquellos radicales que no aceptan la existencia de Israel no puedan gozar de ningún margen de maniobra.
Y quisiera que todo verdadero demócrata comprendiera que si los terroristas que gobiernan la Franja de Gaza hubieran gastado en infraestructura y desarrollo lo que gastan en armas , la situación de los palestinos de esa zona- de la que Israel salió en setiembre del 2005- sería otra.
Tal como he escrito en más de una oportunidad, es imperioso hallar una solución al polémico tema de los asentamientos, que tanto divide a la propia sociedad israelí.Pero el considerar yo que constituyen un serio problema en la agenda israelo palestina, no me enceguece ni puede hacerme olvidar los hechos-otro de esos hechos que son algo histórico, no una interpretación israelí: no había ni un asentamiento, no había territorios ocupados, cuando Israel fue atacado en 1948, 1956 y 1967.
Quienes realmente desean ayudar a los palestinos y no solamente condenar a Israel, que los alienten a negociar, a vomitar a los extremistas de su seno, que presionen a los grupos radicales de Gaza a dejar de disparar cohetes hacia territorio israelí, que los exhorten a quitar de su léxico en su propio sistema educativo la presentación de Israel como el ogro que no debe existir….Sólo alentando la convivencia pacífica y el desarrollo, se ayudará a construir una sociedad palestina sana que pueda vivir dignamente en paz con Israel y se quitará a Israel los motivos para seguir desconfiando.
Ojalá llegue el día en que pueda aprovechar este espacio para comentar qué bien avanzan las relaciones pacíficas de buena vecindad entre Palestina e Israel, tras la firma de un acuerdo de paz en la mesa de negociaciones.