Uno de los mejores aportes de la actual Dirección de Cultura del MEC han sido las Usinas Culturales, un programa que hace llegar instrumentos de producción cultural a núcleos sociales desfavorecidos de Montevideo e interior, para que sus integrantes generen su propia música y sus propias películas. Un resultado paradigmático de esa iniciativa fue el surgimiento de Don Cony, un rapero del barrio Marconi que hizo un formidable alegato audiovisual sobre la necesidad de llevar a su barrio más educación y menos represión.
A diferencia de ese antecedente, un nuevo producto de las Usinas Culturales que deseo compartir hoy con ustedes me dejó un sabor amargo. No por su calidad artística -por el contrario, está muy bien hecho- sino por el trasfondo filosófico que evidencia.
Los muchachos recluidos en el Comcar recitan unos primeros versos alentadores: "La realidad es que estoy preso en una cárcel / Lo real es que soy libre, demasiado libre". Esa hermosa reafirmación de la entereza personal por encima de la adversidad, cambia enseguida por una observación sociológica muy cuestionable: "La realidad dice que hay inseguridad / Lo real está en que la violencia es consecuencia de la exclusión, de la marginación, de mentir".
Se trata de una autojustificación con gran predicamente en el pensamiento tradicional de la izquierda uruguaya: la exclusión, la marginación y la mentira que están institucionalizadas en la sociedad empujan a determinadas personas a delinquir. Creo en cambio que la verdadera mentira es esa relación de causa - efecto. Instala un determinismo según el cual quienes respetan las normas de convivencia son culpables de que otros las violen. Olvida la amplia mayoría de gente oprimida por la pobreza y la injusticia, que en lugar de salir a robar y matar, elige esforzarse con honestidad y respeto por sus semejantes, para mejorar su situación.
A través de los últimos 50 años, cierta intelectualidad uruguaya ha consolidado el paradigma de un supuesto derecho de los excluidos a alzarse contra la sociedad organizada democráticamente, justificándolo en un sistema económico que genera exclusión y violencia. Pero a esta altura del partido, no pueden exhibir ningún ejemplo de sistema económico alternativo a este, en que se pueda vivir con dignidad.
El autor del poema y los muchachos que lo recitan, tienen todo el derecho del mundo a autojustificarse; no estoy incurriendo en la puerilidad de criticarlos a ellos. Me preocupa sí saber si el MEC está trabajando para convencerlos de su error de enfoque, o si comparte esa idea conspirativa y la alienta.
¿Cuál es la finalidad de una política cultural inclusiva? ¿Avalar, difundir y consolidar prejuicios de clase o educar en la tolerancia y en la búsqueda de la movilidad social? El mensaje que emiten los presos del Comcar, ¿es válido en sí mismo, porque es lo que ellos piensan, o debería ser el punto de partida para concenciarlos sobre la importancia de un camino de superación personal ética y digna? Dicen en su poema que "La realidad tiene un dios, tiene leyes, trabajo y vacaciones / Lo real es ir a rebelarse pero la realidad nos metería presos". ¿Estamos haciendo algo como sociedad para explicarles que las leyes y el trabajo son algo bueno, y que si hay que rebelarse contra algo es contra su carencia? "La realidad es tener responsabilidades, un horario y un estado. Lo real tiene sentimientos y manos que dibujan". ¿Alguien los está ayudando a que entiendan que el ejercicio de la responsabilidad hace a la convivencia pacífica en sociedad y que el estado, en un país democrático, es una organización que asegura la igualdad de oportunidades?
Mi humilde sugerencia: tengamos cuidado en confundir la puesta en práctica de políticas culturales inclusivas con la aceptación pasiva y el estímulo a un pensamiento intolerante, que tanto incide en la fractura social.
Es interesante confrontar ese preocupante testimonio con los que mostraré a continuación, producto del mismo programa de Usinas Culturales.
Acá sí. No solo estoy de acuerdo, sino que me entusiasma este tipo de mensajes. El MEC difunde la voz de quienes luchan por superar su situación de vulnerabilidad social, integrándose a propuestas educativas que los ayudarán a superarla.
Vean qué significativa diferencia. En el primer video, un verso del rap dice "yo no quería ser maleante, sólo pensaba en salir adelante". Pero el segundo testimonio de los Jóvenes en Red concluye con una frase muy distinta y altamente esperanzadora: "Estoy pensando en mi futuro. Mi futuro y el futuro de todos".