El Desarrollo del país, Montevideo y el Frente Amplio, tres grandes temas que elegimos los vertientistas de Montevideo hace un par de semana para intercambiar. Sobre ellos hay miradas variadas y diferencias de opinión entre los frenteamplistas, y parte de estos matices y diferencias estuvieron presentes en nuestros talleres. ¿Quién duda de que los dos primeros representan enormes desafíos para este período de gobierno, al que aún le queda un tiempo importante, pero sobre todo hacia adelante? Cómo se construye el modelo de desarrollo futuro de nuestro país o cómo atender los problemas de nuestra ciudad (donde no podemos eludir la existencia de un margen importante de descontento con nuestra gestión), son temas centrales, y para nosotros, están indisolublemente ligados a cómo se construye la fuerza política que puede llevarlos adelante.
Cuando nos planteamos la actividad no nos pusimos como objetivo llegar a conclusiones o respuestas, sino fundamentalmente retomar, impulsar y reivindicar un marco de reflexión en colectivo en vistas a construir esas respuestas. Quizá en el camino trazado está el núcleo duro de la propuesta. Es que últimamente ese ejercicio del intercambio político colectivo resulta difícil, se trata de discutir en profundidad, sin evadir posibles disensos y sin pretender “ganar” las discusiones o “sacar” posiciones concretas. Tarea ineludible si queremos efectivamente poder decantar una línea de trabajo que nos incluya. Obviamente no alcanza una instancia en talleres, así que ya pensamos una segunda ronda sobre estos temas, buscando avanzar en este sentido.
Paradójicamente la creciente relación del vínculo individual con la reflexión política (y de cualquier otro tipo) a través de la tecnología que ha perfeccionado la comunicación individual a distancia y en tiempo real (llámese acceso a información y documentos, red social o televisión tradicional o vía internet), ofrece posibilidades hasta ahora impensadas de acceso y difusión masivos con mínimos recursos económico e implica una posibilidad increíble de democratización de la comunicación, pero al mismo tiempo, ha minado en ciertas formas nuestras estrategias de discusión en colectivo. Esto representa un escollo para la elaboración de diagnósticos y propuestas que marquen una orientación colectiva clara y que hayan sido amasadas por muchas cabezas en un proceso compartido, dinámico y a la vez personal en el sentido de involucramiento gestual, emocional, afectivo y sutil que implica la comunicación interpersonal y grupal “en directo”.
Para juntarse hoy basta encontrar un elemento convocatorio de un perfil o interés determinado y es posible generar un efecto de masas. Pero hacerlo en un marco de intercambio intelectual y emocional que nos permita delinear algo con más proyección y hondura que una consigna inmediata y apropiarnos de dichas propuestas, lleva tiempo y nos resulta mucho más difícil
Crear proyectos colectivos que nos identifiquen exige instancias de intercambio que no se agoten en el debate, sino que se planteen una cierta continuidad y tengan por objetivo llegar a conclusiones que nos den mayor identidad y densidad en lo que tenemos en común y en el papel que tenemos a jugar “nosotros”. En una sociedad que se especializa en el yo, el ustedes y el ellos (y en la que la lógica del mercado nos plantea que todo se agota en el ya), la primera persona del plural, al igual que el futuro, necesita tiempo, necesita paciencia y reclama nuestra pasión.
Alicia Porrini