Consuelo Pérez
Se cumplen en estos días veinticinco años de la creación del plan CAIF-Centros de Atención a la Infancia y a la Familia- a los que debemos entre otras cosas, el abatimiento de la extrema pobreza, resultado que comenzó a manifestarse a los pocos años de su implementación.
Su fin es garantizar la protección y promoción de los derechos de los niños desde su nacimiento hasta los tres años de edad, a través de una alianza participativa entre el Estado y la población, que para hacer más eficaz su actuación, se organiza en “Asociaciones civiles”.
Apunta a aquella población que se encuentra debajo de la línea de pobreza, y se ocupa de que los niños menores de tres años tengan cubiertas sus necesidades en las áreas de la alimentación, educación preescolar y salud.
También se orienta y educa a los padres, procurando que sean una referencia para el resto de la población de la zona en donde está ubicado el Centro.
El plan comenzó a funcionar en 1988, mediante un convenio entre el Estado y UNICEF.
El programa se ejecuta en conjunto con la participación de varias instituciones: INAU, Ministerio de Salud Pública, Intendencias Municipales, ANEP, Ministerio de Educación y Cultura, INDA.
En el proyecto CAIF se apostó a una clara descentralización. La gestión de los grupos de trabajo locales toma entonces vital importancia, generando espacios de participación e involucramiento
Se atiende hoy a unos 45.000 niños, en 336 centros ubicados a lo largo y ancho de todo el país.
Desde su concepción inicial primó el interés en el desarrollo humano y en el abatimiento de la pobreza.
Se entendió también la importancia de la intervención temprana, ya que los niños adquieren y desarrollan la capacidad de pensar y hablar, de aprender, razonar y comunicarse, antes de los tres años. En los niños en situación de gran vulnerabilidad por su condición social y económica, esta participación amortigua sin duda la enorme desventaja en que nacieron.
A la salida de la dictadura, en año 1986, la pobreza extrema castigaba a Montevideo, y más aún al Interior del país, con porcentajes que llegaban al 3.3% y 6.4% respectivamente.
Concretados los CAIF, las cifras mencionadas comenzaron al poco tiempo a bajar, para llegar al 0,7% y 0.8% en el año 2000.
La política social que condujo a la concreción de la acertada idea, no surgió de la nada en el año 1988.
Ciertamente, su profundo contenido social va de la mano del ideario batllista, que en sus distintas etapas a lo largo de la historia ha consolidado logros en ese sentido: jornadas de 8 horas, una seguridad social fuerte y organizada en su momento, la enseñanza secundaria gratuita junto a la creación de los liceos departamentales, gratuidad de la enseñanza universitaria, las Pensiones a la Vejez, etc. Y con los CAIF, entre otras cosas, la universalización de la educación preescolar, complementada y potenciada con la creación de las Escuelas de Tiempo Completo.
No concebimos una verdadera democracia que no se ocupe de los aspectos sociales, pero no apuntando al asistencialismo sin límites en el tiempo, sin inserción del ciudadano en la vida de su pueblo, sin dignidad para el asistido
No se trata del pescado, sino de la caña.
Nuestro entonces gran país fue pionero en el accionar social y lo fue a través del batllismo y de su consideración a la clase media como motor de la sociedad.
No como clase en el concepto que nos estamos acostumbrando a escuchar, sino como nivel de vida en sociedad al que, los pobres y marginados, gradualmente, iban accediendo por su esfuerzo, desarrollado en el marco de la real preocupación social desde el Estado.
Sin necesidad de recurrir a la nostalgia, los CAIF son una realidad hoy. Que en sus jóvenes 25 años siguen creciendo por todo el país, y desarrollando y potenciando los conceptos y actividades que gestaron su creación.
Cuando lleguemos a tener en nuestro pueblo todo, y particularmente en sus gobernantes, la grandeza necesaria para pensar en el real bien común, quizá celebremos juntos la creación, entre otras cosas, de los CAIF, ideada y materializada para el bienestar de nuestro pueblo, en la primera presidencia del Dr. Julio María Sanguinetti.
Tendremos oportunidad seguramente, pues si de 28 centros en sus comienzos pasamos a tener hoy 336, es que la idea, su funcionamiento y concepción batllista siguen vivos y vigentes, para responder a los miles de niños a los que atienden, y a sus familias.
Los CAIF han crecido. En todos sus aspectos.
Para el bien de la comunidad, debería pasar lo mismo en muchas mentes y en muchos corazones.…