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San Petersburgo: una ciudad en tres niveles

21.Ene.2016

Iglesia del Salvador Sobre la Sangre derramada en San Petersburgo

San Petersburgo es la ciudad más europea de Rusia y sus infinitos canales y puentes le dan un ambiente cautivante para conocerla. Por si fuera poco, recorrerla durante las noches blancas la convierte en algo todavía más mágico. Pero hay más: sus estaciones de metro no son solamente para conectar lugares.

La ciudad que Pedro el Grande fundó hace poco más de 300 vive siempre en el hoy. Es junio y por estos días tiene lugar el fenómeno de las noches blancas, ese milagro natural que elimina las noches del cielo y no distingue atardecer de amanecer, por eso San Petersburgo no tiene mañana. La luz despista al reloj biológico y las comidas llegan a la hora que hay hambre, como tanto nos gusta hacer cuando viajamos.

Los que saben de ciencia y cielo dicen que en las últimas semanas de junio tiene lugar el solsticio de verano en las zonas polares y el resultado es que no hay noche. Los que saben de San Petersburgo dicen que no hay mejor momento para visitar la ciudad que durante esos días, en el que todo parece nuevo, la temperatura contribuye a estar todo el día al aire libre y la gente anda con una alegría adicional.

Además, cada 20 de junio se celebra la graduación de quienes terminan el bachillerato y la fiesta es conjunta: conciertos por todos lados y una celebración inmensa en la Plaza del Palacio, la más importante de la ciudad. Son cinco millones de graduados y muchos más los que salen a las calles a disfrutar del feriado que los reúne a todos al borde del Río Neva, a la espera del Barco Rojo que desfila por la costa antes que los fuegos artificiales se apoderen del cielo. El evento ocurre alrededor de la una de la madrugada y es conocido como el Festival de las Noches Blancas, uno de los 10 festivales más famosos del mundo.

Aunque la ciudad tiene una inmensidad suficiente para ofrecer visitas y actividades diversas, se las ingenia para agrupar las atracciones en un radio que se camina con facilidad. Por eso, para ir de una atracción a otra hay que caminar la avenida Nevsky, la más importante de la ciudad, que también está en la lista de lo que hay que ver. Vale la pena caminarla tanto de día como de noche, hacer compras y ver los espectáculos de artistas callejeros, sin distraerse tanto como para no doblar en la calle Fontanki, otra de las obligatorias en la ciudad. Esta calle que bordea una de los caminos costeros más lindos de la ciudad es ideal para ir a ver un atardecer o comer algo en uno de sus bares. Este camino resume la relación de la ciudad con el agua, que se mezclan y confunden todo el tiempo.

Sobre el centro de la ciudad está el Museo Hermitage, uno de los más grandes y antiguos del mundo que por ser parte del antiguo palacio de la ciudad, es una obra de arte en sí, por lo que es recomendado también para los que no son muy amantes de las creaciones clásicas. Hay más de un Da Vinci que llama la atención pero las paredes y techos de cada sala también dejan boquiabiertos a los visitantes.

También hay que hacerse tiempo para conocer la Catedral de Kazan (actual catedral de la ciudad con una arquitectura muy pintoresca) la Fortaleza de Pedro y Pablo (primera estructura de la nueva era de la ciudad), la Iglesia del Salvador Sobre la Sangre Derramada (iglesia de "cebollas" típica y muy representativa de la ortodoxia rusa), la catedral de San Isaan y sus jardines (con mirador de la ciudad incluido) y el Palacio Peterhof, un paseo de todo un día que recorre las instalaciones del "Versalles ruso" y se vuelve lo mejor del viaje, casi de forma automática.

Los días en San Petersburgo vuelan: empiezan con un viaje en metro por alguna de las esculturales estaciones de la ciudad y terminan con las piernas cansadas de tanta maravilla. San Petersburgo se abre ante los ojos como sus puentes en la medianoche. Y ese es otro de los paseos obligatorios en la ciudad.

Las empresas ponen los tours en las horas de oscuridad que ofrecen las cortas noches de junio para que todos puedan conocer la magia nocturna de las aguas de San Petersburgo, que está conformada por más de 40 islas, 60 ríos y canales, unidos por 342 puentes. Los 22 más grandes atraviesan el Río Neva y se levantan de noche para dejar pasar a los grandes barcos mercantes que van y vienen del puerto. Como resultado se obtiene una cuidad mágica que obliga a pararse a admirar esos mastodontes inclinarse para que pasen los otros gigantes.

Aunque las Noches Blancas limitan los turnos de los tours, tienen un premio extra: durante las mismas no se ve solamente la apertura de los puentes sino que al fondo se aprecia el cielo con sus colores de amanecer. Sumado al movimiento de los puentes se ve un espectáculo de iluminación y flashes que se proyectan sobre estas estructuras levadizas.

La recorrida demora una hora y media: comienza a la una y termina aproximadamente a las dos, luego de navegar en barco por varios canales del río. El paseo finaliza en el centro de la ciudad a un horario ideal para caminar de regreso hasta la costa y asistir al cierre de los puentes que un rato antes se vieron abrir.

San Petersburgo es impresionante bajo tierra por sus estaciones de metro, que fueron creadas con la idea de emular palacios para el pueblo y tienen detalles de construcción dignos de castillos. Además, deleita sobre el agua por sus puentes y la forma en que los canales dividen la ciudad. Pero sobre todo, porque todo su centro merece ser recorrido. Desde iglesias hasta parques, pasando por calles comerciales, bares y museos, la ciudad se mete entre las mejores del mundo con la fuerza que le brinda el tenerlo todo.