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Joaquín DHoldan: Escritor y Dramaturgo de la Villa del Cerro radicado en Sevilla.

Twitter: @joadoldan

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EMMETT y la máquina del tiempo

03.Abr.2017

El Estado debería promover un cine que cultivara los valores y la identidad de nuestra cultura. Salas en los barrios y otras- en los Shoppings- a mitad de precio, con películas en horario comercial, pero de cine, de buen cine.

Algo en la magia de esa pantalla grande, (la oscuridad y el sonido, la experiencia colectiva), penetra en nuestro cerebro y hace que veamos la vida en referencia a muchas películas que se transforman en la imagen mental de lo que es el amor, lo que significa la felicidad, la importancia de la amistad o lo que viene a ser "el éxito". El cine nos diseña ideales. De ahí que muchos pensemos que es "cool" tomar un café en Manhattan, o que pasear por Roma en Vespa es romántico, o que recibir un Oscar es el clímax del éxito.
Lo descubrí cuando, hace muchos años, salí del cine luego de ver "Volver al futuro", caminé hasta la parada del 125 y decidí que quería dedicarme a algo que tuviera que ver con la música. Recordé ese instante cuando escuché el nuevo disco de grupo sevillano Emmett. Viajé a esos años cada vez que el teclado acariciaba los acordes de las guitarras. Las letras olían a la música de los ochenta. Aquella tarde, en aquel cine, cuando sonó "The Power of Love" de Huey Lewis and the News pensé: "salgo de acá y me bajo en lo del profesor de piano para retomar las clases".
El Dr. Emmett Lathrop Brown, apodado "Doc", construyó una máquina del tiempo que cada vez que se activa (cuando la repiten por la tele los domingos) me hace viajar a esa película, o sea a mí mismo, viendo esa película. Emmett, el grupo de estribillos fantásticos y arreglos trabajados, se parece mucho al personaje del cual tomó el nombre, logra el mismo efecto, recuerda esa edad terrible llamada adolescencia, llena de incógnitas por lo que vendrá.
Pero sobre todo tiene, al igual que "Doc", convicción. Es un grupo que sabe lo que hace. Conoce lo arriesgado que es el camino. Tiene claro los principios, ha estudiado las posibilidades y con cierta dosis de osadía sueña con cambiar las cosas.
El 125 tardó tanto que la música quedó atrás, miré pasar la ciudad por la ventanilla, subió una chica que me distrajo, la imaginé bailando lentas, el novio me miró con cara de odio, lo imaginé llamándome "gallina", sonreí pensando que me daba igual y vi pasar la casa de mi profesor de música... Nunca aprendí a tocar piano, apenas toco el ukelele con lentitud.
Desde "Emmett" su primer disco, hasta el recién editado "Era inevitable", esta banda logra conectar, divertir y entusiasmar. Muchas veces escribo con ese objetivo, llegar a un adolescente como yo, viajando en el 125, y darle alguna pista sobre el futuro. No con forma de consejo, sino con una pequeña vivencia, una luz, un relámpago, una nota, una imagen, incluso una canción. A veces sospecho que algo invisible me cruzó con el maestro de cuarto de escuela, o con la profe de literatura de tercero de liceo. Quizás fue alguien de otro tiempo el que me dejó el primer disco de "The Cure", o el que me pasó aquella colección de relatos de Poe.
La música es una excelente máquina del tiempo, en ella viajo hasta ustedes, hasta mi, para decirme -y decirles- que el futuro tiene un montón de caminos paralelos, y que no perdona mirar para otro lado.

 



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