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Acuerdo Grande

Acuerdo Grande

Por una coalición opositora

Sobre el autor

Miguel Manzi (1957), abogado, inicié mi actividad política en 1980 militando por el "NO" contra la dictadura. Fui diputado de la "Lista 85" del Partido Colorado. Emigré en 1995, viviendo en Bolivia, EE.UU. y Honduras, donde culminé mi periplo como Representante del BID, a cargo de 120 operaciones por 1.000 millones de dólares. En 2011 renuncié al BID y regresé a Uruguay, retomando la actividad política en torno al Proyecto Montevideo, cuya información completa está en http://miguelmanzi.com/

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LA MALDICIÓN SENDIC

25.Sep.2017

 

El otro día una sobrina me dijo (palabra más, palabra menos) que la tenía podrida con mi mala onda (en referencia a mi permanente protesta política; como tío soy un encanto...). Mujer joven, pareja de profesionales universitarios, trabajando duro para criar a sus hijos como los criaron a ellos y mantenerse en el primer quintil, dice que ya tiene bastante con los impuestos, la mugre y la inseguridad, como para soportarme a mí hablando pestes del gobierno todo el tiempo. Yo repliqué con un par de argumentos, que también eran pestes contra el Frente Amplio, de modo que no llegamos a ningún acuerdo. Un argumento fue que la oposición está para eso (yo soy un militante de oposición). Otro fue que el gobierno y el Frente hacen tantas macanas, que la dejan picando. Sin embargo (pensé para mí), alguna razón tendrá Josefina (que así se llama mi sobrina); tal vez debería esforzarme por ser más comprensivo, constructivo y propositivo... Y en eso estaba, pergeñando una columna pletórica de amor y paz, cuando salió Topolansky con lo del cartoncito y la genética, y ya me perdí de nuevo en mi infinito rencor. Solo puedo ensayar en mi beneficio, que se trata de una maldición extendida, que viene golpeando sin respetar pelo ni marca, a todos aquellos que se acercan al tema. Llamémosle, en ésta su versión contemporánea, "La maldición Sendic". Que, por cierto, no le pega igual a todos, sino que se adapta a sus víctimas. Veamos.

 

DIRIGENTES Y MILITANTES DE OPOSICIÓN. Irrita el lóbulo frontal, provocando ataques de furia y accesos de tos, que desparraman los gérmenes malignos por todo el entorno. No hay registros de casos fatales, pero conlleva cierta peligrosidad para pacientes cardíacos. Puede motivar el alejamiento de familiares y amigos.

 

DIRIGENTES DEL FRENTE AMPLIO Y JERARCAS DE GOBIERNO. Aquí el daño es ostensible, y sus manifestaciones más evidentes son recelo y fricciones en todos, sentimiento de vacío existencial en unos, y disonancia cognitiva en otros. En los cuadros agudos genera lo que en genética humana se conoce como "chotadas", del tenor: "El Frente Amplio sale fortalecido de todo esto"; o "Raúl será candidato en 2019". Ojo: anda circulando una chotada 3.0, esta sí de altísimo potencial dañino, concebida en las entrañas mismas del dragón, que viene encriptada en viejo malandra, pero si se abre destruye toda la memoria institucional: "En el caso Sendic, la justicia está presionada" (¡cómo no calentarse!).

 

CIUDADANOS EN GENERAL. Me acuerdo de un estudio de opinión pública que decía que menos del 20% de los ciudadanos seguía con algún interés las alternativas cotidianas de la política. No hace mucho leí que apenas poco más del 10% de los usuarios de redes sociales las usan para informarse de, o intervenir sobre, temas políticos. Si damos por buenos esos datos, puede dudarse del impacto de "La Maldición" en los próximos resultados electorales, que serán en 2019. Otro buen argumento para que mi sobrina entienda la necesidad de insistir.

 

MINORÍA CALIFICADA: TUITEROS DE OPOSICIÓN. Dice un amigo de Tweeter (Pablo C., blancazo él) que quien no participa en grupos o redes frenteamplistas se pierde la mitad de la película; que hablan de otras cosas, que transitan por otra dimensión, que transparencia y corrupción no son temas. Me suena verosímil: este país está partido en mil pedazos. En Tweeter, yo alterno entre un puñadito de amigos, en general de oposición. ¡¡Había que ver cómo se pusieron cuando en la Asamblea General los legisladores colorados, blancos e independientes, resolvieron votar en silencio la renuncia de Sendic y la "ascensión" de Topolansky!! Gente habitualmente serena y razonadora, echaba espuma por la boca, sapos y culebras, vómitos negros, contra quienes son sus representantes, a quienes votaron, conocen y estiman por sus trayectorias, con quienes coinciden la gran mayoría de las veces. El microclima era "son todos iguales", "pacto mafioso", "que se vayan todos". Fue uno de los efectos más extremos de "La Maldición". En el medio de la tormenta yo me atreví a meter una cortita, que empezaba "Amigos", y uno de los destinatarios me trató de "madurista" (tuve que reaccionar con extrema dureza). Hubo muchas lecturas de ese episodio (el de la furibunda reacción de los amigos). La más comprensiva es la más amarga: que cualquiera que hubiera sido la conducta del sistema político, la reacción iba a ser furibunda; tal es el malestar ciudadano con "la política" (al que, naturalmente, contribuye en grande "La Maldición"). A mí el episodio me dejó otra lección: que la democracia representativa es irreemplazable, o al menos no es reemplazable por ninguna versión de democracia plebiscitaria en algún moderno formato electrónico. ¿Se imaginan si se gobernara por internet? En unas horas tenemos guerra civil; afortunadamente entre las redes y las decisiones están los representantes. En el caso, los legisladores de la oposición callaron por, a mi juicio, un puñado de buenos motivos. Entre ellos, no menor, evitar un combate homérico que hubiera dinamitado todos los puentes, inutilizado la labor parlamentaria y crispado a guerra a todo el sistema, cuando apenas estamos atravesando la mitad del período de gobierno. Imaginen: el vice saliente había dicho pocas horas antes que "Tengo la absoluta tranquilidad de haber actuado con la verdad, a lo largo de toda mi vida política", lo que en su caso es mucho decir. Pero la vice entrante dijo que vio el título, lo que ya es demasiado. 



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