Montevideo PortalColumnistas

Más columnistas

imagen del contenido Esteban Valenti: Navegaciones
México, un cambio histórico
imagen del contenido Carlos Garramon
Estados Unidos le declaró la guerra a China.
imagen del contenido Miguel Manzi: Acuerdo Grande
Frente Amplio inteligencia.
imagen del contenido Pablo Mieres
Hay algo que sigue vivo.
imagen del contenido Ricardo Piñeyrúa
Las lágrimas de Josema.
imagen del contenido La gaita eléctrica
La Chocolata.
imagen del contenido Ana Jerozolimski
¿Por qué al ex capitán del seleccionado israelí le gusta la Celeste?
imagen del contenido Mónica Xavier
45 años del golpe del 73.
imagen del contenido Gerardo Sotelo: Cybertario
Todo lo que podemos hacer.
imagen del contenido Alfredo Asti
El equilibrio en una Rendición.
imagen del contenido Eduardo Gudynas
No saben ni escuchan que la miel está contaminada.
imagen del contenido Letras Saladas: Julián Schweizer
Biarritz, San Sebastián, el Mundial y Jorge Drexler: los últimas semanas de Julián Schweizer
imagen del contenido Jorge Jauri: Paramus
Ya no hay atajos corrientes
imagen del contenido Rumiando la vida: Juan Andrés "Gordo" Verde
"Ojalá la actitud de este perro nos interpele a todos": la emotiva historia de Rex y su dueño

A 47 años, vamos sobre hombros de gigantes

05.Abr.2018

El primer acto del Frente Amplio no fue un acto más, no solo porque fue el acto político más multitudinario que había conocido Uruguay hasta 1971, sino porque estableció las bases para la unidad de la izquierda (solventada en la unión de los sectores sociales dispuestos a una transformación profunda); y no una unidad basada en un proyecto electoral, sino basada en un proyecto de país: justo, solidario, democrático, fundado sobre una ética de la acción política, una unidad programática aún en la diversidad ideológica. Ello supone que todos y cada uno de los hombres y mujeres, los sectores políticos, partidos y movimientos, tenían que dejar algo por el camino para acordar ese programa.

Era un programa antioligárquico y antiimperialista.

Casi medio siglo después tenemos una realidad muy diferente; la izquierda superó el exilio, las torturas, las desapariciones, luchó por el restablecimiento de la democracia y contra la dictadura. Lentamente construyó una hegemonía electoral y supo gobernar con indudables logros y transformaciones de todo tipo. Al enumerarlos corremos el riesgo de pensar que hemos llegado al mejor de los mundos posibles, y eso sería un error imperdonable. Pero veamos las conquistas principales: enorme reducción de la pobreza e indigencia a mínimos históricos; aumento de los salarios reales e ingreso de los hogares, reducción en términos reales de las tarifas públicas; transformación de la matriz energética a renovables, pasando de importadores a exportadores; somos un país con absoluta libertad de expresión y pensamiento reconocido a escala internacional, sin contar todos los avances en derechos de la diversidad sexual, de género, en políticas de drogas y transparencia estatal; reforma tributaria con enfoque en la justicia; ampliación de la educación inicial, de la oferta universitaria en el interior y en carreras y postgrados, así como la mayor cobertura educativa de la historia; la reforma del sistema de salud; por mencionar sólo algunos.

Vale la pena además indicar que en nuestros gobiernos se derrumbaron algunos de los mitos más difundidos por la derecha y los principales opositores al pensamiento de izquierda: como que no era posible crecer económicamente con fuertes regulaciones laborales, que con la llegada de la izquierda no iba a existir inversión extranjera (que en conjunto con la inversión pública genera indudablemente empleo), y que para mejorar las condiciones de igualdad era imprescindible aumentar el gasto social en salud, educación, vivienda (con claros y oscuros sí, pero superior en casi todos los indicadores posibles), con una participación y orientación del Estado fundamental, ya que el mercado es incapaz de resolver aquellas situaciones en donde no hay un lucro directo.

Sin embargo es indudable que hemos cometido errores. Es esa responsabilidad de saber que vamos sobre hombros de gigantes, la que nos debe impulsar a la autocrítica para la transformación, a repensar nuestro programa político para los que todavía no han llegado a mejorar sustancialmente su situación y para los que nuestro programa político no ha podido resolver sus problemas más acuciantes. Es bueno recordar las palabras de Liber Seregni, en 1994, el día de su renuncia a la presidencia del Frente Amplio: "...constituye muchas veces un escape fácil frente a nuestros errores, achacar, repito, todo al imperialismo y a la oligarquía. Y no es así. Debemos medir cuidadosamente nuestros errores, como única forma de superarlos y de marchar por la buena senda. Porque no es la derecha la culpable de nuestros errores, sino nosotros mismos".

La autocrítica es necesaria porque hemos gobernado Uruguay los últimos trece años, lo hicimos en un marco de transformaciones, que decantan en procesos contradictorios y simultáneos. Tenemos más acceso a la información pero poca capacidad para decodificar la veracidad de todo lo que nos llega; hemos crecido económicamente (los pobres más que los ricos) reduciendo la desigualdad, pero nuestros barrios se estratifican por ingresos, generando procesos de desintegración del entramado social y al mismo tiempo el consumo parece nunca ser suficiente y se convierte en uno de los ejes principales de nuestras vidas; somos una sociedad más violenta, tendemos menos a resolver los conflictos por la vía pacífica y la mediación y más por la vía punitiva, judicial o la justicia por mano propia; hemos dejado de lado el hacer para transformar, convirtiéndonos en simples demandantes, como si la responsabilidad fuera siempre del otro. Vemos violencia donde antes no se veía (porque estaba asimilada culturalmente), especialmente en la violencia machista. Superar esa lógica cultural no parece un problema sencillo de resolver. Por último, para no extender más la lista: estamos llevando al límite al medio ambiente en función de las necesidades productivas y si no tomamos en serio este problema puede que lleguemos tarde.

A todo esto debemos además repensar la estrategia en relación a todas las transformaciones que se están produciendo en el mundo del trabajo, que se están dando a un ritmo vertiginoso, que no nos van a esperar, y debe ser pensada en el marco de un proyecto de Desarrollo Nacional. En ese escenario, la ciencia, la tecnología y la innovación deben ser el eje articulador de una propuesta de carácter amplio e interpartidario.

El nuevo proyecto programático debe considerar estos nuevos procesos, las conquistas y los debes; y tiene que hacerlo en el contexto de una campaña sucia, donde las mentiras van a estar a la orden del día, donde no se va a explicitar el programa de derecha, o se lo va a tergiversar. Y debemos relanzar la alianza con el bloque social de los cambios con un programa que sea capaz de enamorar, porque finalmente, el programa histórico del Frente Amplio, que es un país igualitario y con justicia social, todavía lo estamos construyendo.