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La columna de Carlos Garramón

La columna de Carlos Garramón

Acontecer global y economía política regional

Sobre el autor

Reflexiones sobre el acontecer global y su interacción con la economía regional. Columna de Carlos Garramon, ingeniero agrónomo con especialidad en Economía Agraria, master en Economía Agraria en la Universidad Católica de Chile, PHD(c) de la Universidad de California, Campus Berkley. Funcionario de FAO en Roma, representante de FAO en la Argentina, consultor del BID, Banco Mundial, Naciones Unidas y PNUD.

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Qué es la cuarta revolución industrial y cómo condicionará nuestro futuro

24.May.2018

A finales del S. XVII fue la máquina a vapor el ícono del gran cambio que revolucionó el modo de producción, el trabajo y la disponibilidad de bienes en cantidad y calidad. Esta vez serán los robots, integrados en sistemas ciberfísicos, los responsables de una transformación radical del complejo industrial global. A esta transformación se la ha llamado “la cuarta revolución industrial”. Reconocer su existencia y sus consecuencias son determinantes para visualizar nuestro futuro y actuar en consecuencia.

Entre 1760 y 1830 la "primera revolución industrial" marcó un paso enorme en el modo de producción y como consecuencia en el mercado del trabajo y en el nivel de riqueza, generando grandes desigualdades entre los países que primero adoptaron los cambios y aquellos que se retrasaron o nunca lo hicieron. La "segunda revolución industrial", alrededor de 1850, integra la electricidad al proceso de producción y permite la manufactura en masa. Para la "tercera revolución industrial" hubo que esperar hasta mediados del Siglo XX con la llegada de la electrónica, la tecnología de la información y las telecomunicaciones.

"La cuarta revolución" o "Economía 4.0" consiste en una tendencia a la automatización total de la manufactura. Esta automatización corre por cuenta de sistemas ciberfísicos hechos posibles por el internet de las cosas y la consolidación y ampliación del cloud computing o nube. Como expresa Klaus Schwab -autor del libro "La cuarta revolución industrial"- ésta no se define por un conjunto de tecnologías emergentes, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la base de los sistemas y la infraestructura generados por la "revolución digital" o "tercera revolución industrial". Schwab, aclara a su vez un punto controversial: ¿por qué las transformaciones actuales no pueden considerarse una prolongación de la "revolución digital"?. Fundamentalmente por su autonomía, por la velocidad, el alcance y el impacto en los sistemas. Reafirmando su reflexión, el tránsito de la "revolución digital" a la "Economía 4.0", no se trata de nuevos desarrollos sino del "encuentro" de esos desarrollos ya generados. En este sentido, representa un cambio de paradigma, en lugar de una faz superior en la frenética carrera tecnológica.

Dice Schwab, "lo que veremos es una fábrica inteligente, verdaderamente inteligente. Capaz de acercarse mucho a la prescindencia del ser humano". Y es justamente aquí donde reside el mayor riesgo de la "Economía 4.0": su impacto sobre el empleo.
"El futuro del empleo estará hecho de trabajos que no existen, en industrias que utilizan tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que jamás un ser humano ha experimentado" resume David Ritten en una columna sobre la cuarta revolución industrial publicado por The Guardian.

El principio básico de esta cuarta revolución es que las empresas de cualquier sector de la economía podrán crear redes inteligentes que tenderán progresivamente a autocontrolarse, a lo largo de toda la cadena de valor. Dada la globalización de los procesos de producción y los servicios, los eslabones de la cadena de valor pueden estar territorialmente muy dispersos, ubicados en diversos países. La "Economía 4.0" es esencialmente una revolución tecnológica global al servicio de la internacionalización. Aunque si bien es cierto que las diversas plataformas y sistemas que se entrelazan, automatizan y autocontrolan han sido originados en los países desarrollados, digitalizando en esos países los eslabones centrales de la cadena de valor, otros, en menor medida, pueden estar localizados en los países de menor desarrollo. Estos últimos pueden ser integrados a la cadena en la medida en que el país que los alberga disponga de infraestructura tecnológica y capital humano de calidad, además de una oferta diferenciada y competitiva de insumos o "partes" requeridos por la cadena de valor.

En el conocimiento científico general ya existe una noción sobre los sectores que serán inicialmente articulados para construir las redes que conformaran la transformación hacia nuevos sistemas: robótica, nanotecnología, neurotecnología, inteligencia artificial, biotecnología, ingeniería genética, sistemas de almacenamiento de energía, clones e impresoras 3D, prioritariamente. Esta faz de la articulación de las tecnologías proporcionadas por la "economía digital" ya inició su camino transformador, impactando en los sistemas de producción y cambios en el relacionamiento social.

La expansión de la "revolución digital" ya generó una enorme transformación a nivel mundial abarcando el impacto de las nuevas tecnologías, de una forma o de otra, a una gran proporción de la población. La evolución de los avances de la "Economía 4.0" ya interfiere en las cadenas de valor y por ende en las industrias y servicios de muchos países, siendo los mercados emergentes de Asia, principalmente, los que están adoptando los cambios de manera más disruptiva.

Así caracterizada la "Economía 4.0", queda preguntarnos nuestro lugar y destino en esta avasallante ola de automatización de la manufactura y servicios, la cual no será lo mismo que el avance tecnológico de la digitalización, que en parte lo hemos absorbido a nivel de servicios y personas. Uruguay tiene algunas ventajas comparativas importantes: tenemos una infraestructura aceptable y una proporción de la mano de obra que por su nivel cultural puede ser capacitada y reconvertida. No tenemos eslabones aun suficientemente digitalizadlos para insertarnos en las cadenas de valor de alta tecnología. Se podría pensar que algunos nichos -como por ejemplo la ingeniería genética o la logística- tienen potencial en torno a procesos altamente tecnificados que puedan absorber y articularse a los procesos globales de automatización. En cuanto a la industria tradicional, estamos aún en la "segunda revolución industrial". Una parte menor ha iniciado tímidamente el proceso de digitalización. Pero no es realista, aunque si doloroso, pensar que nuestro sector industrial manufacturero pueda iniciar una transformación acorde a las exigencias de la "Economía 4.0". No es el caso de los servicios, que si bien hemos hecho grandes esfuerzos para negar su futuro al no votar el TISA, existe un gran espacio de adaptación e innovación.

Más allá de las dificultades que Uruguay enfrenta para articularse con la "Economía 4.0" a escala global, debemos enfocar también esta revolución en un plano más local. Me refiero al desarrollo de aquellas industrias que componen los llamados Servicios Basados en el Conocimiento (SBC), que si bien son parte de la tercera revolución, su desarrollo y transformación también puede decirse que forma parte de la base digital sobre la que se construye la "Economía 4.0", fundamentalmente al potenciar su capacidad de articulación. Es un rubro amplio y transversal que va desde el software, aplicaciones de alta complejidad, hasta los servicios profesionales a distancia.
Detengámonos en la industria del soft, la cual hoy absorbe 14.000 empleados de alta calidad y cuyas ventas al exterior pasaron de 100 millones de dólares en 2012 a 165 en el 2017. Un crecimiento del 65%.

Además, por defecto, deberíamos referirnos al futuro del Uruguay en un mundo inundado tecnológicamente, resaltando todas aquellas actividades asociadas a la creatividad, en las cuales el talento es su mayor insumo. Me refiero al turismo y la gastronomía, así como a todas aquellas industrias que conforman la "economía creativa": el diseño, el teatro, la música -las artes en general- la industria audiovisual, los videogames, la producción televisiva, el cine, la publicidad, etc.

En resumen, un gran esfuerzo innovador y de reconversión, la articulación a una o más cadenas de valor de alta tecnología -posiblemente en agroindustria y logística- y fundamentalmente el desarrollo de actividades asociadas al conocimiento y a la creatividad, imagino que puedan marcar el sendero de un Uruguay que enfrenta un contexto difícil, inundado de tecnología, en el cual se hace cada día más complejo competir.