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Filosofía y Periodismo

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Columna de Facundo Ponce de León

Sobre el autor

Montevideo, 21 de agosto de 1978. Doctor en Filosofía por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciatura en Filosofía y en Ciencias de la Comunicación por la UDELAR. Periodista en prensa escrita (El Observador, El País, Freeway) y televisión (Vidas, Contenidos TV, Teledoce). Profesor de Antropología filosófica en la UCU. Escribió el libro "Daniele Finzi Pasca: teatro de la caricia". Investigador en la CFP. Percusionista. En 2012 fundó Mueca films junto a su hermano Juan.

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Suicidarse no

25.Jul.2012

 

Habrás visto que se informó que somos el país con la tasa de suicidios más alta de Latinoamérica junto con Cuba. En Uruguay se suicidan 578 personas por año. La mayoría hombres. La mayoría en el interior del país. La mayoría se ahorca.

Es probable que vos hayas pensado alguna vez en matarte. Quizás sos uno de los que intentaron hacerlo y no lo lograron. Entre 10 y 40 millones de personas en el mundo prueban sin éxito autoeliminarse. El Ministerio de Salud Pública puso en su web un plan de prevención de suicidios. A lo mejor te ayuda. Ojalá. http://www.msp.gub.uy/uc_6652_1.html

Hay razones para que no te mates, pero seguro vos tendrás las tuyas para decir que no vale la pena vivir. Y pueden ser lógicamente válidas. Por eso, antes de hablarte me dan ganas de hacer silencio. Y callarte cada vez que intentes explicar algo. 

Comparto que la prevención del suicidio requiere que hablemos del tema. De acuerdo que compartir experiencias ayuda a revalorizar la vida. Pero tenemos que aprender a estar en silencio también. Por eso no te quiero hablar. Por eso me estoy mordiendo los dientes ahora. Por eso y por los 578.

Hago silencio para no caer en la trampa de que sólo hablando te vas a curar. Otra vez: hay que hablar sí; hay que revalorizar la vida sí, pero también incorporar el silencio como modo de prevención. ¿Sabés por qué? Porque hoy se piensa que hablando se cura todo y no es así. Casi al revés, hay enfermedades que se contagian por hablar demasiado de ellas. Hay que tener pudor. Callar algunas cosas permite que no crezcan, que no tomen proporciones absurdas.

No estoy hablando de ocultar, mucho menos de mentir, estoy diciendo que el silencio a veces ayuda más que la palabra. No tengo nada que explicarte. No quiero que te suicides. Te pido que no lo hagas. No me pidas argumentos. Vivir es un misterio que vale la pena. Es una apuesta. No me gustan las últimas dos frases, ¿ves? Ahí tenés lo del pudor, hay frases que si uno las dice se vuelven azucaradas, un lugar común, un manual de cuarta categoría. Apostar a la vida; el valor de vivir, la fuente del amor… Nada de eso ahora… no te suicides. Punto.  

No me cuentes tus problemas. Una herida de amor, la soledad, los problemas económicos, seguro querés matarte por alguna de estas tres razones. Así dicen las estadísticas. Ni me expliques. Tus problemas no son tan importantes. Los míos tampoco. Verás que en el mundo de hoy es más valioso tener un problema que no tenerlo. No des bola. Salí de la cama. Sudá. No pretendas que todo cuadre. No te estoy dando consejos. Son pistas que están ahí.     

¿Cómo se conocieron tus padres? Si averiguas verás que hay un elemento misterioso, milagroso, inexplicable. No importa si se separaron, si uno se murió, si te pegaron, si abusaron, si no los conocistes. Reconstruí la historia. Seguí. No sos el ombligo del mundo. Pero sos alguien. Para ti y para otros. Y no quiero caer otra vez en los lugares comunes. 

No hay lógica, hay historias que se cruzan, destinos extraños. No hay coherencia. Lo mismo de tu familia pasa con tu barrio, la ciudad, tu país, el mundo. Estamos todos cinchando para algún lado. Dependés de otros. Para mi hay que tener gratitud, pero no te quiero convencer. Acepta el misterio, cargá con el dolor, no el tuyo que siempre será diminuto, sino el de todos. Y una vez con el dolor encima, en silencio, empujá. 

 



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